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domingo, 23 de febrero de 2020

POESIA: Entre los Pilares Resquebrajados

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Enjambre fuiste de misterios,
Pues oculto es el cardumen,
De tus símbolos desgarrados
Entre las hojas podridas
Y mil soles olvidados

Convaleces, hambriento corazón,
El boticario no usa más remedio
Que tu propia desazón
Dañada o no, dista mucho
La sagrada imperfección
Del repugnante velo de aquello
Que un día alimentó
Tu errónea expiación

Hombre a hombre,
Hombre a Dios,
Dios a Dios, y nada es Dios
Solo una estatua, derruida,
Ensangrentados los ojos que hoy
Emprenden la huída
Hacía algun lugar peor...


 M.T.

miércoles, 20 de marzo de 2019

RELATOS: Yūrei


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Hokkaido fue altar y sepulcro. Condena y emancipación. Eternidad y sombras de Eternidad.

Primero: Los álamos, testigos inescrupulosos, oficiaron de sacerdotes en nuestro casorio.

Segundo: El bullicio de esos hombres orientales, de quiénes tanto nos reíamos, no podía más que balancear la paz de nuestros silencios.

Tercero: La inquietud de nuestras esperanzas previas. Más aún las de aquel día en que tu bronceada cabellera se opacó para siempre.

Cuarto: Los ojos nerviosos, que se pedían disculpas por hallarse en recíproca necesidad.

Quinto y último: Advertir que todas tus preguntas ya habían sido respondidas, aún entre lágrimas. Fuiste devorada por los enigmas.

Tales fueron mis memorias, al ver tus labios grises besando mi féretro. Siempre te esperaré.

FIN

M.T.

jueves, 25 de octubre de 2018

RELATOS: La Sangre en la Nieve

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Las gotas de sangre saborizaban la nieve cristalizada, y el lobo, en su aullido, confundía las sombras con el fuego que todo lo devora.

Sus ojos advertían la amenaza, pero su corazón deseaba huir de toda quietud. Más no pudo ya alejarse y correr, pues el olor a carne lo aturdía.

La madera crujía, y comprendía ésta el obstáculo mayor. Sin embargo, el lobo, cuyos peludos harapos se revestían ahora de humo, se adentró a los fríos rincones de la cabaña.

Entre las llamas, dió con su recompensa. Censuró todo acto premonitorio, y arrastró los remanentes del sacro mamífero más allá de la entrada, de cara a la nieve derretida. Bebió y se nutrió por igual de él, sin reparar en el agrio sabor de la carne.

Habíase saciado la criatura, cuando supo ver que se hallaba acorralado. El fuego, antiguo cómplice de sus impulsos, pretendía delegar su destino más allá de las penumbras.

Fue así que el lobo se dejó engullir por las llamas, y su pelaje no perduró. Tampoco sus garras, ni sus tendones ni articulaciones. Ni dientes, ni energía que los comandase.

Pero hubo algo que subsistió al asedio: su ojo derecho. Atormentado, trasladaba su visión a la ignea substancia, buscando reencontrar su pelaje, sus garras, sus tendones, articulaciones, dientes y la energía que todo aquello comandaba. Y nada encontró.

Resultado de imagen para eye sunPero fue allí, que vislumbró la posibilidad de mirar hacia arriba y no hacía alrededor. El lobo supo entonces que, en todo ese tiempo, la luna había sido embestida por el sol, y no pudo más que contemplar al astro rey que ahora retomaba su trono en las esferas.

El fuego, respetuoso, se abstuvo de evaporar las lágrimas que del ojo habían comenzado a brotar, y se marchó. El ojo, por su parte, nadaba en la nieve ahora derretida, y pronto se ahogó en sus aguas, no sin antes abrazar la invidencia.

Y cuando el silencio se adueñó de los árboles, otro lobo solitario se acercó. La sangre en la nieve lo había estado llamando.

FIN
M.T.

RELATOS: La Rosa Negra

En un jardín, a medianoche, la rosa negra bebe del agua de la lluvia. Come del barro y de reojo a Luna oscurecida, absuelve el hedor de...